El mito del origen

noviembre 8, 2009 at 4:03 pm (Creación, Uncategorized)

     Los mitos utilizados en la Literatura antigua tienen en común estar protagonizados por seres sobrenaturales, como dioses o héroes, animales o personas de una naturaleza superior. Intentan explicar alguna de las grandes cuestiones de la existencia y muestran los  esfuerzos iniciales de los primitivos seres humanos por explicar los misterios del universo. Son los primeros materiales con los que contaron narradores y poetas de la Antigüedad .

      Proponemos crear una narración mítica. Este es uno de los resultados:

El mito del Origen

     Hace mucho tiempo, antes de que en el mundo hubiera vida, antes incluso de que hubiera algún planeta, existía El Vacío. La oscuridad total. Así fue, hasta que llegaron tres seres racionales, seres sin ninguna forma definida.

     Ellos, cuando se  encontraron, hablaron durante algún tiempo y propusieron borrar la oscuridad que les rodeaba. Comenzaron creando las estrellas, para que iluminaran aquel lugar, y luego, lugares en los que hubiera vida.

     Así pues, empezaron a construir la Tierra, el Sol y los planetas. Primero,     empezaron por habitar la Tierra. El primero de ellos, creó a los seres humanos que habitarían la tierra firme y las criaturas del aire; el segundo, creó a las criaturas que habitan en el reino oceánico, y el tercero, a los seres reptiles. Así fue como, tras siglos de convivencia, vivieron en armonía. Pero surgieron peleas entre ellos, pues cada uno quería dominar sobre los demás.

     Sus poderes eran muy destructivos y causaron un gran caos. Uno de ellos, eliminó a los reptiles, llamados saurios, pues estos eran muy agresivos e intimidaban a todas las criaturas, ya que tenían cierto poder sobre ellos. Así, el creador de los reptiles, furioso, provocó grandes alteraciones en el planeta: enormes erupciones de lava, que arrasaron varios lugares convirtiéndolos en desiertos; temblores,  grandes separaciones de tierra, conocidas como islas, y fuertes vientos que derribaron la abundante flora que había.

     El segundo, creador de las criaturas acuáticas, se enfadó con ellos, y algunos peces empezaron a transformarse en anfibios de gran tamaño. Esos anfibios, en venganza porque los humanos se alimentaban de los peces, empezaron a atacarlos para alimentarse de ellos. Al darse cuenta, el creador de los humanos, creó mamíferos acuáticos, como la ballena, para que acabara con ellos.

     Continuaron con esta batalla durante cierto tiempo, pero uno de ellos paró, pues se dio cuenta de que estaban destruyendo la vida en la Tierra. Así que decidieron irse de allí, y seguir con su guerra en otro lugar. 

     Al irse, los dioses pensaron que así reinaría la paz en el mundo, pero ya habían sembrado en la Tierra la semilla del odio en todas las criaturas.

     Surgieron continuas guerras en el transcurso de los siglos. Los humanos dicen tener una causa para ello, pero los dioses saben la verdad: los conflictos son un reflejo de la propia ambición divina.

     Y  temieron que sucediera lo mismo si hacían habitable otro planeta, así que se negaron a hacerlo, pues ya se sentían muy culpables por lo que había pasado.

                                                                                              Cristina Mateo Rica 2º BB

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El cálculo mortal

noviembre 6, 2009 at 3:43 pm (Creación)

Las literaturas orientales antiguas (Mesopotamia, India, la Biblia) presentan en común motivos como la referencia a un gran diluvio universal que devasta la Tierra diezmando la humanidad.
Creamos una narración con estos elementos comunes… y lo trasladamos al presente.

EL CÁLCULO MORTAL

“No puede ser, esto es imposible, debo haber cometido un error”. Tras repasar una y otra vez los cálculos, su certeza se hacía cada vez más evidente. Sí, ocurriría, no había ningún error.
Debía ponerse en marcha, el tiempo corría en su contra.
Media hora más tarde se encontraba en el despacho del jefe del Instituto Nacional de Meteorología.
– Buenos días, Pablo, ¿quería algo?
– Buenos días, don Pedro. Sé que sólo llevo una semana en prácticas pero… tiene que ver mi tesis. ¡Va a ocurrir una gran catástrofe!
Después de horas explicándole su estudio…
– ¡No es posible! Si lo que dices es cierto, ¡dispondríamos de una semana para advertir al mundo entero de que van a morir sepultados por la tormenta del milenio!
– Ojalá me equivocase, pero los cálculos son correctos, ¡va a ocurrir!
– ¿Y quién lo dice, un joven meteorólogo recién salido de la facultad? ¡Salga ahora mismo de mi despacho!
– ¡Pero señor! ¿No lo entiende? ¡Si no avisamos a la población, morirá!- gritaba mientras don Pedro lo sacaba de su despacho.
Lo poseía la impotencia, no se rendiría, tenía que dar la alarma.
Intentó ponerse en contacto con familiares y amigos, pero no lo consiguió. Tanto tiempo estudiando en el extranjero había conseguido resquebrajar sus antiguas relaciones. Lo intentó todo, se dirigió a los medios de comunicación, a los ministros, a los presidentes… nada, no consiguió nada.

No daba crédito a lo que veían sus ojos “tenía razón, tenía razón”. Tras contemplar la imagen de la gran borrasca que envolvía todo el planeta, las únicas palabras que le venían a la mente eran esas. Comprendió entonces que ya era tarde, nada se podía hacer…

Comenzó la tormenta y, con ella, el tormento.
Después de un año de incesantes catástrofes naturales, desencadenadas por la tormenta, no quedaba nadie para ver el caos originado.
Aunque si hubieran podido ver a Pablo minutos antes de que todo comenzara, lo hubieran encontrado tendido en su cama y, al lado, sobre su mesilla, una caja vacía de un medicamento llamado “Valium”.

Susana Hurtado Antequera. 2º Bach.A

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